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Chávez, del latinoamericanismo al legado autoritario

Hugo Chávez murió y Venezuela se enfrenta a una de las etapas con mayor incertidumbre de su historia. Ahora, el “chavismo”, ese modelo político, económico y social –que raya en el populismo y la demagogia – que tras más de 15 años en el poder se transformó en la búsqueda de esa “tercera vía” entre el socialismo y el capitalismo, se enfrenta a uno de más grandes desafíos: sobrevivir a su creador.

Carismático a más no poder, Hugo Rafel Chávez Frías, militar formado en un país que, junto con Colombia, hasta 1992 se jactaba de estar a salvo de los concurrentes golpes de Estado militares que desde la décadas de los 60, 70 y 80 asolaron la región. Claro, hasta que encabezó una fracasada intentona en contra del presidente Carlos Andrés Pérez. Impulsor del Movimiento Quinta República y el Movimiento Bolivariano, ensalzó la figura de Simón Bolívar hasta el delirio, al grado de encabezar una operación que llevó a la exhumación del cadáver del libertador sudamericano para determinar si, hace más de doscientos años, fue víctima de una conspiración para acabar con su vida.

Verborrágico también hasta la extenuación, Chávez captó la atención de los medios de comunicación internacionales y obligó, a golpe de reformas constitucionales teledirigidas, a los de país a transmitir íntegros sus mensajes. En sus maratónicos “¡Aló Presidente!” –en los que obligaba a todos los canales de radio y televisión a transmitir esos mensajes que se llegaron a extenderse, en varias ocasiones, hasta ocho o nueve horas- agarró a Estados Unidos y al modelo neoliberal como su acérrimo enemigo. En sus mítines reformuló ese “sentimiento latinoamericano” que en los años 70 y 80 se utilizó para combatir, con muy justificada razón, a las sangrientas dictaduras militares, justo cuando todas las naciones de América Latina y el Caribe se instalaban en la normalidad democrática a base de elecciones moderadamente libres.

Además de Bolívar, su mentor ideológico fue el dictador cubano Fidel Castro. Teniendo como escenario el Caribe, propaló la idea del “Socialismo del Siglo XXI” cuya base económica fue el petróleo de Venezuela, país que cuenta con las reservas más grande del mundo, superando a Arabia Saudí. Los petrodólares le ayudaron a crear un área de influencia desde donde emergieron regímenes afines como el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales y la Nicaragua de Daniel Ortega. En todos esos países la tendencia es imitar al “chavismo” reformando las leyes para mantenerse en el poder. Punto y aparte fue su relación con la centroizquierda latinoamericana de la Argentina de los Kirchner, el Brasil de Lula da Silva o el Chile de Michelle Bachelet. Apoyó dictaduras como la iraní –en su acercamiento con Teherán y Mahmud Ahmadineyad cuestionó el Holocausto para enfrentarse a Israel-, la Libia de Muamar Kadafi o la irrealidad humana de Kim Jong Il en Corea del Norte. Con Colombia, su vecino y antagónico ideológico, sostuvo varios enfrentamientos ante la sospecha de dar cobijo en su territorio a las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Hugo Chávez ganó las elecciones en 1998 y, desde entonces, reformó infinidad de veces la Constitución venezolana para permitirse, una y otra vez, reelegirse. En su cruzada contra el capital, nacionalizó gran parte de los sectores estratégicos de su país. Esa política dejó un saldo grave: en 2013 Venezuela sufre de escasez de productos básicos –incluyendo la harina pan para la elaboración de las venezolanas arepas- y los servicios públicos, como la energía eléctrica, elaboraron planes de cortes para hacer frente a un sistema colapsado y corrupto. La inversión interna y externa, por supuesto, es mínima por no decir nula.

Un análisis aparte merece PDVSA, empresa que, azotada por el burocratismo, corrupción y designación de políticas erróneas dictadas por el propio Chávez (100,000 barriles diarios regalados a Cuba) pasó de extraer 3,3 millones de barriles diarios en 1998 a 2,4 millones de barriles diarios en 2012. Para el enemigo acérrimo, Estados Unidos, ha ido a parar durante los últimos 15 años entre el 70 y el 80% de la producción petrolera venezolana, suministro que se mantuvo incluso durante la guerra de Irak que encabezó George Bush hijo.

Dádivas sociales

Cierto, en Venezuela la gasolina es casi un regalo, proliferaron los médicos cubanos atendiendo en barrios y colonias populares y hay programas sociales, pero, justamente eso es el populismo porque el índice de pobreza ha crecido peligrosamente, la corrupción campa a sus anchas, no hay clase media, alarma el éxodo de profesionales y la ola de violencia es demasiado alta. Las dádivas sociales – llegó a repartir en 2002 dinero en efectivo producto de la venta petrolera- se aplicaron justamente cuando Chávez y su movimiento necesitó, tal y como sucedió en 2012, del voto de la masa frente a lo que siempre calificó como las “élites que solo buscan poder” y en las que incluyó a los medios de comunicación disidentes y a los partidos políticos.

Otros datos: en Venezuela el déficit fiscal es del 20% del PBI, unos $70 mil millones de dólares. El tipo de cambio oficial es de 4,3 bolívares por dólar, pero en el mercado negro llega a 18. La inflación, por varios años, ha sido la más alta de la región. En febrero pasado y mientras Chávez se encontraba siendo atendido en Cuba,  el Gobierno anunciaba una devaluación del bolívar del 46,5%, que fue considerada por los analistas como “insuficiente” debido a que no resuelve los problemas de sobrevaluación de moneda ni el gran déficit fiscal. Con esa medida, la primera desde diciembre 2010, la cotización de la moneda pasa a ser de 6,30 por dólar, comparada con 4,30 por dólar hasta la fecha.

En cuestión de empleo, el último dato del Instituto Nacional de Estadística apuntaba a que, en un país de unos 30 millones de habitantes, el desempleo se situaba en el 7,9% (casi 1.5 millones de ciudadanos), pero el sector informal alcanza, según la instancia, el 40.9%.

Legado autoritario

Chávez fue sacado del poder por unas horas el 11 de abril de 2002 en un fracasado golpe de Estado del que acusó como orquestadores a Estados Unidos y España. Una gigantesca movilización ciudadana le devolvió el poder y, entonces, radicalizó su “Revolución bolivariana” que le permitió salir airoso del referéndum revocatorio de 2004 y diseñarse una ley habilitante que le permitía, a base de decretos y sin pasar por la aprobación de la Asamblea Nacional, aprobar leyes y reformas a su gusto.

En julio de 2011 anunció que tenía cáncer y eligió para atenderse. Todavía enfermo se presentó a los comicios de 2012 que le aseguraba el poder hasta el año 2019. Sin embargo, las noticias sobre su salud le llevaron a armar la era “post Chávez” privilegiando a Nicolás Maduro frente a Diosdado Cabello. La última vez que se le vio fue el 10 de diciembre, un día antes de someterse a una operación por cuarta vez. Este martes 6 de marzo se anunció que murió a los 58 años.

Un día después, la organización Human Rights Watch (HRW) criticaba el legado “autoritario”, mediante la concentración de poder, que dejó Hugo Chávez en Venezuela tras su muerte y lamentó la “abierta indiferencia” del mandatario por los derechos humanos fundamentales.

 

José Ferruzca, periodista

Comentarios (1)

  • Jacqueline Aguilar

    Este artículo carece de bastante sustento, no está informando sobre las instancias, ni mecanismos de cooperación que se establecieron desde Venezuela en beneficio de ótros países Latinoamericanos, ni el plan vivienda o la política social de Venezuela.
    ALBA, CELAC, etc.

    ¡Tan buena línea que manejan en angelguardian!

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